¿Qué es Diario de un jurista?

Diario de un Jurista es mucho más que un digital, e inmensamente más que un diario de opinión. Diario de un Jurista no es ni será ese digital con el que el lector da de bruces en la red, encontrando de nuevo, más o menos edulcoradas, las mismas noticias que ya ha leído en otros medios, y cuyos analistas (casi siempre periodistas) parecen repetir aunque con distinta prosa, un similar sonido mántrico. No, Diario de un Jurista no es todo eso, ni puede serlo. Primerio porque de serlo, no estaría leyendo el lector ahora estas palabras, habida cuenta de que éste digital no habría dado a la luz. Segundo, porque de ser lo que otros digitales ya han sido, o de repetir los mismos mantras vacios en los que ya otros sucumbieron y perecieron, este gran proyecto habría pretéritamente fracasado antes de nacer. Y tercero, porque la totalidad de los columnistas y articulistas que integran e integrarán éste precioso proyecto, son juristas. Y éste no es un detalle baldío ni casual, sino que responde claramente a una perspectiva absolutamente distinta en la forma de abordar la realidad social en la que existimos. La perspectiva y lupa de un jurista.

Adentrémonos pues en los laberintos, estalactitas y estalagmitas de éste digital con vocación hispanista y proyección en lo universal, que nace con la filosofía tan primitiva, a la vez que elevada, de por una parte, trasladar y traducir el tan intrincado, escarpado y casi siempre áspero lenguaje jurídico al mundo de la calle, y de otra la de, si es que el mundo en el que vivimos no colapsa antes, democratizar todas las sociedades hispanoámericanas. Y democratizarlas no en el sentido tan manido y desgastado que la expresión psicológica del vocablo democratizar por desgracia nos evoca, sino democratizarlas con la significación de perseverancia y lucha que de ello ha de desembocar. Democratizarlas en su sentido más amplio y profundo, alcanzando en puridad esa división de poderes en la que efectivamente, ejecutivo, legislativo y judicial sean absolutamente independientes entre sí, devolviendo al poder judicial, posiblemente el más importante de los tres poderes, su poder fiscalizador respecto a un poder ejecutivo que, de no ser debidamente controlado, acaba por devorar a los dos restantes.

Desde ésta España en la que un servidor es oriundo hasta el más remoto de los países de  lengua española del continente americano, la democracia, si es que alguna vez fue tal cosa, debe convertirse en el mayor de los hitos a conquistar. La verdadera conquista de ésta, al unísono con la conquista de la libertad y la definitiva igualdad entre hermanos, es y será el eje vertebrador del digital que tengo el honor de dirigir y presidir. Claro que, aunque naciendo Diario de un Jurista en tierras españolas, no es ni mucho menos mi pluma la única que va a cincelar el futuro del digital y del proyecto de libertades que le da sentido, sino que son muchos los juristas que, envueltos en las respectivas banderas de su patria y su historia, me acompañarán en éste exótico y excéntrico viaje para cogidos de la mano, encumbrarnos todos algún día como hijos del idioma español que nos unió alcanzando el trofeo de la auténtica división de poderes, la libertad, la fraternidad y la igualdad.

No me es ajeno que cuando a pie de asfalto , a pie de barra de bar se producen cualesquiera conversaciones en torno a la democracia, a las instituciones, a la división de poderes, etc, tienen los interlocutores no pocas veces la impresión de vivir en un universo ensombrecidamente ajeno al de la clase política, a esos servidores públicos cuya precisamente corrupción ha provocado de forma ya abismal un palmario distanciamiento entre cómo vive y actúa el representante público, y como se percibe la estratosfera política desde el ventanal de un ciudadano que cotiza y paga impuestos.

Así las cosas y como uno de los primeros baluartes en que Diario de un Jurista va a dejar su impronta y huella, los distintos juristas, desde la heterogénea perspectiva de cada uno de los 21 países de habla hispana que actualmente existen, pero convergiendo en una filosofía común, vamos a tratar de redimensionar la realidad constitucional de tal forma que las diferentes constituciones hispanoamericanas, incluyendo la española, no sigan siendo ese misteriosa entidad furtiva y hierática de la que todo el mundo ha oído hablar, pero que casi nadie ha avistado y conocido. Entre tanto, y yendo mucho más allá de la mera exposición al lector de lo que una Constituciones significa y proyecta, los juristas que a ésta aventura damos comienzo nos hemos propuesto convertir estos instrumentos jurídicos fundamentales y garantes de nuestras libertades, en un análisis amable, simpático e interesante que en adelante deje de resultar esa tediosa lectura de la que es difícil no sentirse un profano.

Por desgracia, no ha sido el acercamiento a la realidad constitucional y su conocimiento una esfera que al poder le haya interesado inocular en los administrados. Más al contrario, cuanto menos supieran estos acerca de sus entresijos y de los procesos constituyentes que le precedían, más el poder se garantizaría la perpetuidad de sí mismo ante un pueblo ávido de libertad pero ignorante de los mecanismos para hacerla efectiva. Desde ésta perspectiva, Diario de un Jurista y todos los miembros que lo componemos haremos un dantesco esfuerzo por revertir ese proceso de desafección de los pueblos hacia sus constituciones, con el ineludible e inmarcesible propósito de que más pronto que tarde, todo el pueblo hispanoamericano, incluyendo España,  recupere el protagonismo que le corresponde como natural poder constituyente y soberano. Del poder constituyente y soberano ha de nacer cualquier Constitución, y sobre él mismo han de retornar proyectados sus efectos.

Reiterando así pues lo que más arriba se expone, es la conquista de la democracia, de la división de poderes, de la igualdad y en definitiva de la libertad el vértice-motor de éste gran proyecto.

Bienvenidos a Diario de un Jurista.